Usted, seguramente, comprende la política como una manera de administrar adecuadamente los vienes públicos, ¿verdad? Es lo que dice nuestra constitución. Somos una democracia liberal, es decir, de libertades, y la libertad fundamental es la de la libre empresa, pero esta limitado el estado por un concepto social, eso implica que el estado debe velar por el bienestar de sus habitantes. ¿Para que? Es un modo simple de equilibrio. No es posible abandonar a los pobres sin que se pongan violentos. No es posible arrancarles todo de una buena vez sin que se dediquen, luego, a decapitar a su rey y a su aristocracia, arrancando a la fuerza el pan para sus estómagos y sus hijos gritones. Son seres simples, de necesidades primarias. Por eso hay que controlarlos, y mantenerlos tras la línea; justo con lo necesario, para que se sientan conformes, pero no más de lo fundamental, para que se sientan frustrados de por vida, gracias a sus deseos insatisfechos, porque así su espíritu se ahogará en la cotidianidad y la obediencia. No necesitan más; dales un cargo repetitivo, algo con que sobrevivir, un televisor, una razón para odiar, algo que meter en sus bocas, y evítales las amarguras. Distráelos, aliméntalos, edúcalos para que sean parte del modelo de producción que tú administras. Reduce su visión del mundo. Regálales pornografía, licor, fútbol y drama barato. Ayúdalos a discriminarse entre ellos mismos. Ese es el sistema correcto. Como puede notar, colombiano de bien, requiere de un delicado equilibrio, a veces difícil de mantener. Por que a veces los pobres quieren más de lo que a la aristocracia le sobra, y llegan a ponerse atrevidos. Ese es un complicado conflicto de intereses.
Y seguramente usted supone que eso es bueno, y que el estado funciona. El estado, según la visión colombiana, protege a los colombianos de los colombianos, protege a los individuos satisfechos de los hambrientos. Al menos militarmente. Buenos y malos, monstruos y héroes, soldados y guerrilleros, gente “berraca y trabajadora” y mamertos sin discurso propio que se escudan tras la ambigüedad de la palabra “pueblo”
Y si le pregunto, ¿cual es el mayor problema de nuestro país? Usted seguramente me dirá, la guerrilla. Los mamertos. Es lo que dice la televisión. Ha visto, tal vez, un atentado, y ha sabido de un secuestro. Y esas son sin lugar a dudas terribles y vergonzosas tragedias. El negocio del otro extremo. Aquellos que critican a la libre empresa y se llenan los bolsillos con secuestros y extorsiones. Pero son tan salvajes como el capitalismo salvaje que critican. Y usted supone; por su culpa la economía esta mal, por su culpa nuestros modelos de producción cojean, son los responsables de que el estado destine la mayor parte de su presupuesto en las armas, de que los inversionistas extranjeros no tengan confianza de venir a llevarse nuestras concesiones mineras, son los responsables de que los precios de los alimentos sean elevados para el consumidor pero minúsculos para el productor, son los culpables de los atracos en las calles, del alza en la gasolina, de la violencia callejera, de los violadores, los parricidios, los curas pedofilos, de que mañana no trasmitan su novela favorita, de los robos en los taxis y la falta de empleo. Gente omnipresente y verdaderamente odiosa que se jode al país. Y ahora yo le pregunto, ¿de verdad lo cree así?
¿Es conciente de la dimensión de los problemas que causan y la gravedad que les adjudican?
Piénselo; se toman pueblos insignificantes donde no vive gente importante. Secuestran terratenientes pobres y políticos de baja categoría. Pero ahondemos en la dinámica de Causa- consecuencia.
¿Por qué existe la guerrilla?
La respuesta es muy sencilla. La historia es bastante monótona para repetirla. Son hambrientos que quieren participar en los métodos de producción de la aristocracia. Gente que se cree con el derecho a explotar la tierra y beber el agua de los ríos. Gente que habla de una endeble dignidad para los campesinos, los indígenas y los pobres. Gente estorbosa que se negó a abandonar sus tierras cuando se les ofreció un par de centavos por ella, y que no asesinamos a tiempo, antes de que tomaran un arma, gente que cree con el derecho a existir y producir. Gente estupida que quiere joder a todos, incluso a la gente que trabaja, cobrando extorsiones, amordazando a los campesinos, obligándonos a todos a que participemos en una causa que no nos interesa, y con la que genuinamente no estamos deacuerdo. Gente con estomago, muchas bolas y poco cerebro. Gente que pretendió defender a los individuos con estomago y hambre. Y que ahora catalogan como narcotraficantes. Y la televisión, y la opinión internacional, dice que eso está mal.
¿Por que? ¿Que es un narcotraficante? ¿Que es el narcotráfico?
El tráfico de drogas surgió desde abajo. Fue el negocio, el método de producción que la aristocracia no consideró, y del que se apoderaron pobres diablos que pronto se llenaron de dinero. Era jodidamente rentable. Y los narcotraficantes eran gente ordinaria y sin estilo, pobres levantados, dueños de un sistema de producción odioso por ser demasiado efectivo. Su grave error, su más grande crimen, fue actuar exactamente igual a los dueños de los modelos de producción convencionales con alta rentabilidad. Es decir, asesinaron, destruyeron el medio ambiente, se aplastaron entre si, compraron políticos, forjaron monopolios, y trataron de adueñarse del estado, y de los sistemas de producción aceptados por la ley.
Pero al ser “empresarios” del tercer mundo, trataron de invertir la pirámide que a la humanidad le ha tardado tanto en construir. El dinero no fue del tercer mundo al primero, como es usual. Empezó a devolverse. Era detestable ver a esos narcotraficantes derrochando y malgastando en el tercer mundo dinero que debió quedarse allá, en el primero. Gastándolo con prostitutas colombianas, construyendo lujosas mansiones y dándose la vida de los aristócratas del primer mundo. Hasta se atrevieron a hacer rentables los negocios legales, a través del lavado de dólares. Para el modelo de producción tradicional eso fue preocupante. Si se invertía la pirámide enloquecería, la economía establecida no tendría funcionalidad. Por eso señalaron el narcotráfico como infame e ilegal. Desestabilizaba la pirámide. Desestabilizaba la profunda y perfecta desigualdad que tanto nos ha constado construir.
Eso es un narcoguerrilero. Un levantado, un individuo que trata de alimentarse, de ser parte de un modelo de producción que no controlaba la aristocracia, que no beneficiaba la pirámide establecida por el primer mundo y que a la final perturbó el orden establecido. Que usó los métodos ortodoxos para imponerse en el mercado, la violencia, la sagacidad, el chantaje; aprendió de los mejores, los chicos de la corporación. Actuó como un humano más pero contó con la sed infinita que tiene el consumidor por su producto. Ni quisiera Sony, Nike, Marboro o john Walker lograr una adicción tan grande por sus productos como la que tiene un fanático de la cocaína de Colombia. Creo que los miembros de la junta directiva de Microsoft tendrían múltiples orgasmos con una idea semejante si cualquiera de sus diversiones o sistemas operativos fomentaran tal adicción.
La pirámide es simple; nosotros ponemos las materias primas para tener el privilegio de que nos elijan para ser explotados, se las regalamos, exonerándolos de impuestos, entonces ellos producen más barato, y eso les encanta, tanto, que nos venden lo producido 100 veces más caro de lo que nos constaría producirlo a nosotros mismos, y así, el dinero se acumula allá, y nosotros tenemos nuestras necesidades controladas y nuestro medio ambiente hecho pedazos. La riqueza del primer mundo depende del tercero, y es gracias a las privaciones del tercero. Y un narcoguerrillero, un levantado, no puede invertir la pirámide.
¿De quien es la responsabilidad de combatir semejante monstruosidad? De los pobres, obviamente; los pobres diablos del tercer mundo. Ellos ocasionan el problema, ellos lo solucionan.
“Entonces construimos, inventamos, fabricamos la guerra contra el narcotráfico. La dinámica es simple; señores del tercer mundo, nuestros hijos rubios, hermosos y superiores a los suyos, se han hecho adictos a su droga, e incluso algunos de nosotros, y por lo tanto, queremos que combatan e impidan el tráfico a nuestros países. Para eso les venderemos nuestras mejores armas. Les haremos descuentos generosos por cada millón que nos compren. Ustedes llevarán a sus hijos morenos y feos, biológicamente inferiores, a pelear contra esos levantados narcoguerrilleros. Es cierto; muchos morirán, habrá una guerra feroz e insaciable, pero nosotros los consideraremos héroes. ¿Que opina? Firme aquí, señor presidente. No se preocupe. Consignaremos en su cuenta en suiza el 4% de este negocio. Es un secreto entre los dos, claro está. Así usted podrá desentenderse de trabajar cuando termine su periodo, pero usará su venenosa lengua antes, para convencer a la población de que el narcotráfico es un crimen, y que la única manera correcta de emerger es el pedregoso sendero de la legalidad. Lo creerán, ¡son católicos! Ya Jesús les dijo que la vida es sufrimiento, y que los recompensarán luego, créame, lo creerán. Acepte mi generoso regalo. Como sabe es mucho dinero. Es más, le damos la bienvenida a nuestra sociedad. Vivirá con los nuestros, y se desentenderá de esa horrible nación. Si no tiene el dinero para financiar esta guerra nosotros se lo prestaremos. Cuente con el banco mundial, con todo el dinero que desee. No se preocupe; nosotros sabemos como cobrarlo. Nos quedaremos con los minerales de sus montañas, sus selvas, sus ríos, sus instituciones; la educación, la salud. No se preocupe por nosotros. Preocúpese por firmar. ¿No le fastidia ver a un narcotraficante en un auto mejor que el suyo? A mi me fastidia. ¡es indignante! Un Audi o un BMW no fueron diseñados para las manos odiosas y negras de un colombiano de clase baja. Fueron diseñados para gente como usted, de alta alcurnia, créame, yo mismo le regalaré uno ¡Gracias! ¡Que bonita letra! ¡Se nota la calidad de su buena educación! Y bienvenido a Norteamérica. Lo llevaré a los mejores campos de golf de Boston. Se sentirá como en casa. No se preocupe, es usted un buen patriota. Ha hecho lo correcto por su país”
Si, somos los famosos colombianos, universalmente narcotraficantes, jodidos latinoamericanos, criminales que no quieren morir y que deseamos sobrevivir, que soñamos con un futuro de tranquilidad, que deseamos vestirnos bien, tener electrodomésticos nuevos y no pasar hambre. Nos señalarán adonde vayamos, porque nos reconocen como un país que no respeta la pirámide. Que no quiere limitarse a ser sencillamente un país explotado. A nosotros nos preocupan los jóvenes franceses adictos a la heroína, pero ¿a los franceses les preocupan nuestros adictos? ¿Invertirían los ingleses un centavo de sus economías en ayudar a las familias de los alcohólicos colombianos? Son los fabricantes del whisky que mató a mi padre, dirá algún imbecil feliz de viajar a Londres a gastar lo que le dejó su viejo ¿Indemnizaran a mis hijos si muero en un accidente responsabilidad de un ebrio? No. Eso jamás sucederá. Ahí prima la libertad individual sobre la responsabilidad colectiva. Al revés, los colombianos somos culpables, no los adictos. Invertir la responsabilidad es imposible. Seria como pretender que el agua corra hacia arriba. Seria pretender que es posible invertir el orden “lógico” de las cosas.
Y vos crees, ¿Colombia es un país pobre? ¿Tienes idea de cuanto dinero sacan las explotaciones energéticas, mineras, biológicas, agrícolas y petroleras a diario? ¿Nos queda difícil explotarlo nosotros mismos? ¡Pues claro! ¡Estamos invirtiéndolo todo en una guerra contra el narcotráfico, para que los demás países nos quieran y nos visiten!
Pero algo olvido. Los pobres levantados tienen una alternativa. Como te dije, el sistema debe mantenerlos satisfechos, o le cortarán la cabeza al rey. Pueden pertenecer a los medios de producción genuinos, legales, estables y justos. Los megacultivos. El turismo. La minería. Las zonas francas. El ejercito. Los latinoamericanos, al fin y al cabo, solo sirven para empleos de segunda categoría.
Aunque esos en realidad son negocios para aristócratas, no para los pobres. Un pobre puede ser un minero, pero no puede administrar un megacultivo de palma africana. Necesitamos para eso gente inteligente, de sangre azul, como el joven Arias. En los países pobres hay que concentrar los medios de producción en pocas manos, para que exista la desesperanza. Su desempleo es nuestro mayor aliado. Para que la mano de obra sea barata, claro está. Es muy fácil; aumenta el nivel de competencia y favorece a los productores grandes. Los pequeños serán absorbidos. Luego compra las grandes productoras. Dale el cargo de administrador a un zarrapastroso de tu simpatía. Dile que si los trabajadores no se amansan, contrate a chicos que mutilen a los sindicalistas.
“Para un pobre levantado de mierda es suficiente con los 20 centavos de dólar que les puedo pagar en una fábrica de una zona franca. Con eso comerá tranquilo. Debería agradecerme. Al menos le doy empleo. No pago impuestos y pago lo que quiero, ¿que mas puedo pedir? Mano de obra barata. Medio ambiente a mi disposición. Contamino con tranquilidad. Y el dinero obtenido, no lo gastaré aquí. Se irá a mi país. Así mi economía será más fuerte y esta será más débil. Y a medida que se debilita, más bajo puedo pagar, y mejores ganancias obtendré”
“Controla los precios de la canasta básica. La especulación los definen los grandes productores, no los pequeños. Si quieres amargarlos, baja el dólar, no les compres, manipula los precios. Endéudalos. Desesperados, algunos saldrán a robar, se asesinarán, se matarán de hambre, rabia y frustración. Entonces serán tuyos. Y necesitarán armas. Vos los proveerás, como buen ángel de la muerte”
Saca pecho colombiano de bien, cuando veas a los colombianos asesinando a colombianos. Cuando tengamos que matarnos entre hermanos para que los franceses, ingleses y norteamericanos no ahoguen sus narices con el polvo blanco que produce la tierra de tus abuelos. El mercado ha decidido que los tomates y las zanahorias no valgan nada, y que los campesinos tengan que cultivar “la mata que mata” para poder soñar con el mundo de consumo en el que todos estamos metidos y por el que todos estamos obsesionados. Un campesino no quiere usar ruana, quiere usar Adidas. Renegará de si mismo el resto de su vida. Esa es la efectividad de la buena publicidad; un nuevo arte, ingenioso e inspirador. Financiado por las grandes corporaciones. A ellos de verdad les ofende que su dinero venga injustamente a gastarse aquí. Por eso, siéntete orgulloso cuando nuestro gobierno decida gastar miles de millones en pesos en armas que ellos producen, que ellos administran, en vez de universalizar la producción de la tierra, en vez de universalizar la salud, el trabajo digno, en vez de darles a todos el chance de trabajar y sentir que la vida es mínimamente agradable. Saca pecho, colombiano, cuando los ríos de tu patria sean envenenados y destruidos por una hidroeléctrica, cuyos beneficios se irán a España e Italia, mientras los pescadores se quedan sin que comer. Cuando tus montañas enriquecerán a los desamparados accionistas de Anglogold, cuyo colectivo de empresas asociadas o similares, ni cortos ni perezoso, han pedido más del 90% del país en concesión. Saca pecho y canta el himno nacional cuando los cultivos de palma africana sean abonados con campesinos muertos, cuando el turismo, único modo legitimo para ellos de invertir la pirámide, sea comprado en su totalidad por manos extranjeras. A vos no te importa. Por que tu país no es la tierra, ni los campesinos asesinados, ni las montañas ahuecadas por la minería, tu país es shakira y juanes, tu país es pasión, es padecimiento, y seguirás a gusto mientras el vallenato y el regueatón suenen modernos, y creerás que llevas tu patria en una puta manilla de colores, en un equipo de fútbol. Sigue pensando así, colombiano de bien, avergüénzate de tus raíces campesinas, vístete como en París, sueña con New York. Usa Mac, come en Macdonals, bebe coca-cola, ponte zapatos Nike. Olvida tu patria, avergüénzate de ella, es ridícula e ingenua, no es moderna, no esta sintonizada con la veloz realidad del mundo occidental, no está como novedad en Internet, hay que modernizarla, debemos ser competitivos, hay que obligar a que nuestros ciudadanos y abuelos a que se atraganten con la modernidad, forzar la historia, ignorarla, para que nos intoxique. Desechemos nuestra realidad, y aceptemos la que nos regalan financiada con publicidad ingeniosa. Así no te dolerá cuando vengan a llevarse a tu país, así no te dolerá cuando no exista un solo río de donde se pueda beber, cuando todos los campesinos estén amontonados en las ciudades muriéndose de hambre, cuando el hambre y la enfermedad los obligue a robarte el celular y tu chaqueta nueva, cuando no quede un solo árbol en pie, porque todo lo que vez, todo el suelo necesario para alimentarte, todo lo que amaste sin darte cuenta, será de otros, pedazo por pedazo.
Para que veas, ¿quienes son los verdaderos enemigos de tu país? ¿Quienes destruyen el medio ambiente? ¿Quienes controlan la especulación? ¿Quiénes son los verdaderos culpables de la violencia que nos ahoga? ¿Eres tan ingenuo como para creer que el mercado se regula por arte de magia? ¿Culpas a la marmota de Chávez y a los imbeciles de la guerrilla? ¡Gracias a ellos el sistema de mentiras está justificado! Pero si aun no me crees, y si piensas que lo he inventado todo, puedes seguir viendo TV. No deberías leer notas como esta. En un canal juegan santa fe y millonarios. En el otro, pasan el reality donde hacen cosas estupidas personas imbeciles de cara bonita. Acompaña tu noche feliz de autómata sin mente con una buena cerveza poker, propiedad ahora de antiguos cerveceros alemanes.
Me encantó! hay uno que otro error de ortografía, pero el mensaje es contundente.
ResponderEliminarTe recomiendo ponerle a los artículos imágenes y a las entradas "leer más", para que el primer pantallazo del blog permita ver más artículos.
Salud y siga adelante con el blog!
pd: te invito a que visites el mio www.latribunacolombia.blogspot.com
Felicitaciones!
Está bacano pero al final... y? Entonces qué hay que hacer desde tu punto de vista? Es necesario identificar la enfermedad, checked, ahora qué seguiría?
ResponderEliminarBueno y entretenido articulo. Pero la realidad es que nada puede cambiar esta inercia. Es como tratar de parar una veloz y pesada locomotora, usando "frenos de mano".
ResponderEliminarEsas corrientes sociales son tan poderosas y arraigadas como la mitologia religiosa que hoy infecta al mundo... viruses cerebrales, que nos llevaran a la extincion.
Muy bueno, aunque lo lei desde un punto nacionalista. Dan ganas es de de verdad ponerse la camiseta y forjar un cambio radical en la sociedad colombiana, ojala usted con la sabiduria que debe tener para haber escrito esto, salga de ese increiblemente respetable anarquismo, que de verdad lo respeto, y se interese en la politica nacional, porque por lo que leo usted debe tener muy buenas ideas.
ResponderEliminarHablo de que respeto su anarquismo porque de verdad lo respeto, aunque le digo que deje de creer en el porque es demasiado utopico ya que siempre habra quienes quieren mas poder y desequilibraran su anarquia.
Un saludo, y mucha suerte con lo que piense hacer con sus ideas.