miércoles, 10 de noviembre de 2010

La nueva rebelión.



La situación es compleja y usted no se ha percatado de ello, estimado lector.  Nos cambiaron al atarbán por un político refinado. Las cortes no fueron del todo independientes en semejante decisión. Uribe era incomodo. Debía irse. El negocio por su culpa ya no era rentable. Empezaron a existir pérdidas importantes para la producción nacional, para los monopolios internacionales, para el sector industrial que no pertenece a la mafia minera o palmera; en total, las fuerzas nacionales ultraconservadoras empezaron a sentirse incomodas con esa visión de un negocio para pocos, y decidieron actuar.

 “necesitamos ganar también” fue su opinión, y por eso, el sistema debía reacomodarse, o habría guerra.

 Guerra económica de tensiones y privilegios.

Santos entro en el juego a modo de conciliación. Era un representante ideal de todos los modelos de explotación y producción, nuevos y antiguos. Santos es un buen ejemplar de político neoliberal; diplomático, fácil de comprar, hipócrita, inocente de ser tan delicado, y astuto.

Lo conozco. He charlado con él un par de veces antes de su presidencia, y de aquellas conversaciones comprendí que su dureza, su arrogancia y terquedad, no son más que consecuencias de la más pura ingenuidad. No es un hombre que comprenda el país ni que le interese comprender las dimensiones humanas que un verdadero político esta obligado a comprender, no es un hombre que alcance a dimensionar lo que se desarrolla frente a sus levantadas y chatas narices, pero si es un hombre que comprende el negocio, su dinámica, y por eso está dispuesto a todo; la casería, la superioridad del capital, maquiavelo aplicado a la mínima escala, es la imagen típica de un jugador, que ahora, por culpa de nuestra inexperiencia como votantes, tiene el privilegio de jugar a las cartas con el dinero de todo el país.

 Santos, el afortunado, el seguro de si mismo, en el fondo no es más que un hombre manipulable y consentido por sus propias circunstancias. Alguien sin humanidad sincera, sin calidez porque todo ha sido anulado por su sed de victoria. Santos defenderá lo que sus dueños le dirán que defender, pero la definición, la comprensión de ser manipulado no cabe en su cabeza, futuramente calva. No es tan objetivo consigo mismo. Insisto en que no es un hombre malvado, solo es algo imbecil. Los malvados están a su alrededor. La manera correcta de comprarlo es endulzando su orgullo. Sus dueños, sus amos, suelen ser sus principales aduladores. No es un hombre que a la final, necesite dinero; lo tiene todo, y por eso solo comprende la victoria como la anulación de los otros. Es su forma de sentirse bien,  de gestionar adrenalina. Su vida es terriblemente vacía. Solo alguien vacío puede comprender la política como él la comprende, una secuencia de triunfos personales, una línea de victorias en donde el impone sobre otros sus propia y alienada personalidad de “ganador”

La nueva rebelión, la rebelión contra Santos, no será tan pintoresca como lo fue la rebelión contra el Atarbán. No gozaremos de una figura caricaturesca de la cual mofarnos con comodidad. No podremos confiarnos. No podremos titubear. Será como una partida de poker. Es imposible confiarse del jugador contrario, en especial de uno tan hábil como Santos. Ser hábil en al poker es muy útil para un político de categoría; el talento que se desarrolla es el arte de mentir, de adular, de engañar y obligar al contrario a confiarse. La manipulación precisa del azar es su mejor arma.

Tras su victoria en la presidencia, el primero en replegarse tras cargos burocráticos fue el partido liberal. Para ellos, como individuos, seguramente, fue una inteligente opción. Cada uno ha recibido ya su pago  por semejante y oportuno apoyo. Lo que no comprendieron, lo que no lograron comprender, es que de ese modo asesinaban al partido liberal.

Y lo hicieron. El partido liberal ha muerto. Puede afirmarse con sencillez que es el antiguo nombre del partido de la U. partido que se formó a partir de Uribe, pero que ahora recae en uno de sus principales promotores. Santos. Uribe fue la artimaña populista que le dio cabida a esta trasformación. Que reunió a los rebaños para crear una mayoría cuantificable. No importaba que fuera un criminal a sueldo, que tuviera el trasero sucio con la mafia, que fuera un dogmático reprimido, un fascista desvergonzado. Tenía carisma. Convencía con su falsa inocencia de renacuajo seminarista. Reponía su impotencia sexual con elocuencia y un alborotado discurso, directo a las masas, directo a la necesidad de odio de las mayorías.

Cuando Petro, en su falsa ingenuidad, trató de acercarse a la coalición del gobierno (sin duda alguna, tras cargos burocráticos)  estuvo a punto también de asesinar al polo democrático. Por fortuna de los militantes del polo, la forma en la que abordó el tema lo dejó sin capacidad para convencer. No había forma de argumentar su decisión. Nadie es tan ingenuo como para suponer que de verdad Santos organizará una verdadera  y genuina reforma de tierras. Y Petro no es ingenuo, solo es un falso necio y vendible.

Lo importante para ellos, los ilustres representantes del estado, será ahora una superproducción, mecanización, megacultivos. Explotación al máximo y sin miramientos. Rentabilidad. Meganegocios.  Han perdido por completo el control de la dimensión. Ahora solo son rentables los monstruos. Nuestros ilustres políticos nacionales no son más que papelillos a la deriva del mar de especulación que es wall street.

Santos es la última etapa antes del nuevo modo de superproducción. La etapa de equilibrio y eliminación. Ahora se anularán los negocios intermedios,  y los monopolios locales, quizás existan asesinatos interesantes, habrá una etapa de cambio entre el viejo modelo de negocio provinciano y terrateniente, a uno aplicado a la dinámica internacional, a los monopolios extranjeros. Sin terratenientes, sin dueños locales, desaparecerá también el partido conservador. Desaparecerá su financiación directa. Por eso es urgente revelarse, o seremos absorbidos. Es urgente lucir nuestra individualidad y nuestra necesidad de autonomía como hombres, como individuos, o seremos vendidos como mercancía. Quizás ya lo somos.

Pero esta rebelión es mucho más urgente. Uribe era un tipo obvio, estupidamente transparente. Sabíamos a que atenernos. Santos es un jugador. Su oponente, lejos de ser ese ridículo ejército en decadencia llamado FARC- EP, es Colombia misma. Y Santos lleva la Ventaja. Lo que esta en juego es nuestra tierra, nuestra soberanía, nuestra propia identidad y libertad como colombianos, la mismísima  viabilidad de nuestro estado, el éxito de nuestra capacidad de gobernarnos a nosotros mismos.

4 comentarios:

  1. Certero y real. De que manera propones enfrentar al estado?

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  2. No es necesario enfrentar al Estado. Santos o Uribe, pese a lo que digan, no son el estado. el estado somos nosotros, los colombianos, quienes hacemos funcionales las instituciones.

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  3. Pues si yo estoy de acuerdo contigo. El texto lo dice. Pero es evidente que hay una busqueda de los mandatarios por mimetizarse bajo la imagen de estado. Lo cual supone un enfrentamiento entre la clase politica y los ciudadanos por lograr el objetivo de hacer funcionales las instituciones. El objetivo tiene distintas formas de verse como lo dejaste claro en tu ensayo "Carta a los uribistas y conservadores" o "El comunicado de prensa.." en donde podemos distinguir entre lo que quieren los politicos (mimetizados bajo la imagen del estado) y lo que tu quieres como ciudadana. Asi que reformulo mi pregunta: ¿Como pueden los ciudadanos convertir en una realidad su derecho de pertenecer al estado?

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  4. No encontré otro espacio para hacer la siguiente pregunta que, quizá, a sus ojos sea estúpida, pero no pude con la curiosidad. Por qué el blog y usted se hace llamar El Anarquizta y no La Anarquizta?

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